Monarquía británica


Esta humilde propuesta, que me permito hacer a pesar de mi condición de plebeyo, podría implementarse en cualquiera de los Estados europeos donde todavía hay reyes: Bélgica, Países Bajos, Dinamarca, Noruega, Suecia, España. No desde luego, en los pequeños: Luxemburgo, Liechtenstein, Mónaco. Allí, grandes duques, duques y príncipes deberían elegirse por sorteo entre gente de edad adulta. Creo que mi proposición tiene que ser aplicada en Gran Bretaña. Allí se encuentra una de las monarquías más antiguas de Europa; fuera del incidente con Carlos II, ha sido una de las más sólidas instituciones del país. El rey de Inglaterra, de alguna manera, también reina en el corazón de muchos monárquicos del continente.

Mi propuesta es que, periódicamente, se elija por sorteo a un recién nacido, niño o niña, y que se le eduque para ser rey. En un momento, puede haber cinco o seis príncipes de Gales (herederos), dos o tres príncipes candidatos, dos o tres príncipes suplentes y, por supuesto, un solo monarca. Hombres y mujeres tendrán los mismos derechos; sería bueno que se alternaran un rey y una reina en el trono.

Aquí en España, lo hemos sufrido bastantes veces, el acceso al trono de alguien incapacitado: un neurasténico como Felipe III, un gandul como Felipe IV, un idiota estéril como Carlos II, un masturbador compulsivo como Felipe V, un chiflado como Fernando VII, una ninfómana como Isabel II. Hay que evitar que suceda esto. También, desde luego, que sea siempre una familia la que detente la corona.

Los niños salidos del sorteo serán educados como reyes. Continuamente se les harán pruebas. Se comprobará que no sean crueles, obsesos sexuales, tímidos, poco fotogénicos, mal hablados, psicópatas. También se tendrá en cuenta el comportamiento de su familia de sangre. Si un príncipe heredero es removido, tendrá desde luego derecho a una pequeña pensión. Príncipes candidatos y suplentes podrán ser removidos por la Cámara de los Lores, si se dan las circunstancias.

El monarca reinante podrá continuar en el trono hasta su jubilación: los setenta años. Sólo en casos excepcionales podrá seguir siendo rey con setenta y cinco años. Su sucesor será elegido entre los príncipes candidatos mayores de cuarenta años. Los candidatos desechados se convertirán en príncipes suplentes y seguirán contando para la sucesión hasta los sesenta años; mientras tanto, recibirán una pensión, se encargarán de tareas de representación y patronazgo, podrán convertirse en gobernadores o embajadores en países de la Commonwealth.

Los reyes y las reinas, los príncipes candidatos y suplentes podrán casarse o permanecer solteros. Su conducta sexual no tiene que ser demasiado excéntrica, deberá ajustarse a las normas del país. En general, su moral tendrá que amoldarse a la de sus súbditos.

Los bebés elegidos como príncipes herederos podrán proceder de una familia anglicana o no. Desde luego, al margen de sus creencias religiosas, de su ateísmo o agnosticismo, el rey deberá seguir siendo cabeza de la Iglesia de Inglaterra.

Mi propuesta me parece una buena solución para garantizar la continuidad de la monarquía. Cuando se la expliqué a un amigo, empero, me dijo que estaba bromeando. No, no bromeo. Hablo muy en serio.